Manda huevos (a 2,50 la docena)

Ayer tarde, en una escena costumbrista, mi mujer volvió de la compra doméstica hecha una furia expresada en una frase repetida una y diez veces. ¡Dos euros y medio la docena de huevos! ¡Dos euros y medio!

Yo sigo trasmutando los precios a pesetas para hacerme una idea más realista, para mí, de las monstruosidades;  Unas 415 pelas una docena de huevos… realmente es para enfurecerse, y más en un país donde las familias sin ningún ingreso o con graves dificultades para abastecerse de los alimentos imprescindibles crece cada minuto.

Al punto recordé que la causa de este encarecimiento, según informaba la prensa hace unos días, es la normativa comunitaria que, para dignificar la existencia de las pobres gallinicas en las granjas industriales, obliga a éstas a proporcionar a los animales un mayor espacio vital por cresta.

Loable interés éste de nuestros legisladores comunitarios: mejorar la calidad de vida de las gallinas hacinadas. Como amante de los animales me parece fantástico. Lo que no sé es si, en caso de que pudieran, los millones de gallinas sacrificadas para dejar más sitio a sus congéneres en las explotaciones españolas, expresarían la misma opinión. Claro que al fin y al cabo éstas serán las gallinas de segunda, las más viejecillas y menos ponedoras.

Digamos que algo así como los jubilados que, según el FMI, tienen la pésima ocurrencia de vivir más de lo que se espera de ellos.

Y en este punto se me viene a la cabeza que no he visto, supongo que por mi ignorancia y desinformación, ningún esfuerzo legislativo para garantizar realmente, le cueste al sector económico que sea, como puede ser el de las granjas avícolas o podría ser el de la banca, el derecho al espacio vital de los humanos. Sea porque vivan en pisos patera o directamente sean desahuciados.

Afortunadamente sí se están tomando medidas legislativas para evitar el hacinamiento humano en determinadas circustancias, como la de que nos reunamos, aunque sea virtualmente,  para cacarear que no nos parece bien cómo se hacen las cosas

Y es que, como amante de los animales, tengo que reconocer que tengo mis preferencias. Soy tan discriminatorio como para tener en más estima a los que se desplazan, cuando están sanos, a dos piernas que a los que lo hacen a patas, barrigas, vuelan, nadan o, como los corales, ni lo hacen. Cosas de la especie a la que uno pertenece. Esa única capaz de canibalizar ni siquiera por supervivencia o prevalencia del rastro genético, sino por pura avaricia.

 

 

Esta entrada fue publicada en Sin categoría, Sociedad en Red y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.